Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en Chile y en la mayoría de los países de ingresos medios y altos — y la paradoja que las rodea es que una proporción significativa de esa mortalidad es prevenible con intervenciones disponibles, accesibles y en muchos casos simples.
La razón por la que esa prevención no ocurre con la frecuencia que debería no es la falta de recursos ni la ausencia de opciones terapéuticas. Es que los factores de riesgo cardiovascular más frecuentes son silenciosos — no generan síntomas en sus etapas iniciales, no llevan a consultar de forma espontánea y se acumulan durante años sin que la persona afectada lo sepa.
Comprender cuáles son esos factores, por qué son silenciosos y qué implica identificarlos a tiempo es el primer paso de cualquier estrategia cardiovascular preventiva real.
La hipertensión arterial: el factor de mayor impacto poblacional
La hipertensión arterial es el factor de riesgo cardiovascular modificable con mayor impacto sobre la morbimortalidad cardiovascular a nivel mundial. Se estima que en Chile afecta a más del veintisiete por ciento de la población adulta — y que una proporción significativa de esas personas no conoce su diagnóstico.
La razón de ese subdiagnóstico es directa: la hipertensión es asintomática en la gran mayoría de los casos. La presión elevada no duele, no genera mareos en etapas iniciales y no limita las actividades cotidianas de forma perceptible. Lo que sí hace, de forma silenciosa y acumulativa, es generar estrés mecánico crónico sobre las paredes arteriales que acelera el proceso de aterosclerosis, genera hipertrofia ventricular izquierda, daña los vasos renales y aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular.
El diagnóstico requiere la medición de la presión arterial — un procedimiento de menos de dos minutos que puede realizarse en cualquier consulta médica. La ausencia de síntomas no justifica la ausencia de medición.
La dislipidemia: el riesgo que viaja en la sangre sin avisar
La dislipidemia — la alteración de los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre — es otro factor de riesgo cardiovascular de alta prevalencia y baja detección espontánea.
El colesterol LDL elevado contribuye a la formación de placas ateroscleróticas en las paredes arteriales — un proceso que se inicia décadas antes de que genere síntomas clínicos. El colesterol HDL bajo reduce la capacidad del sistema de «limpiar» el colesterol de los tejidos periféricos. Los triglicéridos elevados se asocian frecuentemente con resistencia a la insulina y tienen un efecto adicional sobre el riesgo cardiovascular.
Ninguno de estos parámetros genera síntomas. Se detectan con un examen de sangre en ayunas que forma parte del chequeo preventivo básico.
El tabaquismo: el factor de riesgo más directamente modificable
El tabaquismo es el factor de riesgo cardiovascular con mayor respuesta documentada a la intervención — los beneficios cardiovasculares de dejar de fumar comienzan en minutos y se acumulan durante años después del cese.
Los mecanismos por los que el tabaquismo daña el sistema cardiovascular son múltiples. La nicotina genera vasoconstricción y aumento de la frecuencia cardíaca de forma aguda. El monóxido de carbono reduce la capacidad de transporte de oxígeno de la hemoglobina. Las sustancias oxidantes del humo del tabaco dañan el endotelio vascular y aceleran la aterosclerosis. El tabaquismo activo duplica aproximadamente el riesgo de enfermedad coronaria y multiplica por dos a cuatro el riesgo de accidente cerebrovascular.
El sedentarismo: el factor más prevalente y menos considerado
El sedentarismo — definido como la insuficiencia de actividad física de intensidad moderada o vigorosa — tiene una prevalencia que en Chile supera el ochenta por ciento de la población adulta según algunas estimaciones.
Su impacto cardiovascular opera a través de múltiples mecanismos — la ausencia de los efectos cardioprotectores del ejercicio regular, la asociación con sobrepeso y obesidad, el mayor riesgo de resistencia a la insulina y diabetes tipo 2, y la menor capacidad cardiorrespiratoria que se asocia de forma independiente con mayor mortalidad cardiovascular.
La evaluación del riesgo cardiovascular global
La evaluación del riesgo cardiovascular no consiste en identificar uno u otro factor de forma aislada — consiste en estimar el riesgo global que resulta de la combinación de todos los factores presentes en cada persona.
Las herramientas de estimación del riesgo cardiovascular — como el score de Framingham o el score europeo SCORE — combinan los factores individuales para estimar la probabilidad de un evento cardiovascular mayor en un período de tiempo definido. Esta estimación global orienta las decisiones terapéuticas de forma mucho más precisa que la evaluación de cada factor por separado.
En SanaSalud la evaluación del perfil de riesgo cardiovascular es parte del chequeo preventivo completo — con medición de presión arterial, perfil lipídico, glucemia y evaluación de los factores de riesgo no bioquímicos como el tabaquismo, el sedentarismo y los antecedentes familiares.
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